Por Beth Brogan, Personal de BDN

WISCASSET, Maine — En 1998, con dinero proveniente de impuestos de la planta de energía atómica Maine Yankee, que había cerrado sus puertas dos años antes, Wiscasset inauguró un centro comunitario que costó varios millones de dólares en las inmediaciones del corazón mismo de la ciudad.

WISCASSET, MAINE — Un cartel advierte a los intrusos en el antiguo emplazamiento de la planta nuclear Maine Yankee en Wiscasset el jueves. Troy R. Bennett | BDN

Hoy, casi 20 años más tarde, el centro comunitario permanece abierto, pero la comunidad a la que pertenece en este pequeño pueblo costero, denominado alguna vez “el pueblo más lindo de Maine” parece haber perdido el rumbo.

Una gran agitación sacude al gobierno municipal, sus funcionarios electos renuncian, un grupo de ciudadanos confronta agresivamente las decisiones de los concejales y los temas básicos de política se deciden por peticiones y referéndums.

Un sistema escolar que tradicionalmente se veía obligado a rechazar alumnos porque estaba entre los mejores de Maine enfrenta ahora una enorme falta de alumnos matriculados, restricciones de presupuesto y cuestionamientos sobre su liderazgo y dirección.

Entretanto, un acuerdo entre funcionarios del estado y locales para tratar de resolver un cuello de botella de tránsito en la Ruta 1, luego de medio siglo de negociaciones, ha suscitado una oposición organizada, advertencias legales y una petición.

¿Cómo llegó Wiscasset a este punto?

Muchos residentes lo ven como el efecto inevitable del cierre de la planta nuclear. Otros, como una historia de advertencia para otras comunidades de Maine, como por ejemplo las ciudades industriales, que luchan por adaptarse cuando un cambio radical se produce en su base económica.

De un boom al borde del colapso

Durante los veinticinco años que la planta de Maine Yankee generó energía en Bailey Point, los residentes de Wiscasset, muchos de los cuales eran empleados de la planta con un salario promedio de unos $54,000, ni siquiera pagaban por su propios servicios públicos.

En 1996, cuando la planta cerró sus puertas definitivamente, Maine Yankee pagaba al municipio casi $13 millones en impuestos inmobiliarios, casi el 91 por ciento de la totalidad de impuestos cobrados por el municipio, según consta en los registros correspondientes.

La ex concejal electa Judy Flanagan, antigua residente de Wiscasset y vicepresidente del Concejo electo hasta su renuncia en el mes de noviembre, recuerda las reacciones de envidia que sentía cuando contaba que vivía en Wiscasset.

“A cualquier municipio le hubiese gustado contar con los ingresos que nosotros teníamos” dijo en una entrevista.

Dos décadas después, los empleados de Maine Yankee y gran parte de su base impositiva se han ido. La carga de vivir con ingresos mucho más pequeños ha hecho alejar a muchos de un pueblo que, al decir de Bill Sutter, residente de larga data, “ha desarrollado una actitud de gran ciudad, con presupuestos y amenidades de gran ciudad, cuando en realidad, somos un pequeño pueblo”.

Las instalaciones del pueblo no han sido mejoradas, y en ciertos casos ni siquiera mantenidas, desde los años de Maine Yankee. Más específicamente, una planta de residuos de aguas servidas que funciona mal ha violado los estándares medioambientales por segunda vez y este año ha acumulado multas por valor de casi $20,000. La planta necesita reparaciones que pueden ascender fácilmente a $100,000, de acuerdo con información proporcionada por los funcionarios del pueblo.

La inscripción de alumnos en las escuelas de Wiscasset ha bajado drásticamente de 950 a finales de 1990 a 554 el año pasado, según el departamento escolar. A pesar de los costos financieros y otros costos, el pueblo votó por separarse de su distrito escolar regional para mantener el control local.

La pobreza ha crecido, así como también las tensiones entre los residentes quienes han luchado ferozmente este año por uno y otros temas, incluso pedirles a los residentes que votaran si los bomberos podían seguir lavando sus camionetas personales en el cuartel. (Pueden seguir haciéndolo.)

¿Una pendiente resbalosa?

Desde 1972 a 1996, Maine Yankee, la única planta de energía nuclear del estado de Maine, generaba 119 mil millones de kilovatios-hora de electricidad. En 1987, justo antes de un tercer referéndum fallido sobre el cierre de la planta y mucho antes de que fallas en los equipos y una serie de cortes de suministro hubiesen ocasionado su cierre, la planta producía un cuarto de la electricidad utilizada en el estado de Maine, según reportó el New York Times.

Mientras los kilovatios aumentaban, el pueblo florecía durante el período que ahora se llama “los años de Maine Yankee”.

Las escuelas, que según el New York Times gastaban unos $12,000 por estudiante, “tenían a su disposición todo lo que pudieran querer” dijo Bill Cumming de Wiscasset, quien fue rector de la Wiscasset High School de 1970 a 1992.

Si bien los funcionarios eran “ahorrativos”, Cummings dijo el miércoles que la abundancia de fondos generó conversaciones para crear una “academia” con otros pueblos “a fin de compartir la riqueza con otras escuelas”.

“Realmente parecía que podrían obtener lo que quisiesen” agregó Joan, la esposa de Cummings.

Pero en 1999, después de pagar casi $13 millones en impuestos inmobiliarios el año anterior, los impuestos pagados por Maine Yankee decayeron a menos de la mitad.

Para el 2013, Wiscasset ocupaba el cuarto lugar en el ranking de comunidades más pobres del estado, dijo el Boston Globe en ese momento, y los impuestos inmobiliarios de los residentes habían aumentado diez veces.

En octubre, los residentes abrieron el sobre de sus boletas de impuestos para constatar que habían aumentado un 14.1 por ciento respecto del año anterior, un aumento que hubiera sido del 22 por ciento si los funcionarios no hubieran votado, por estrecho margen y en contra de lo recomendado por el auditor del pueblo, por gastar $600,000 del fondo de reserva del pueblo para mitigar el aumento.

La decisión se tomó aunque con mucha controversia; muchos argumentaban que tocar los ahorros era una pendiente resbalosa.

“¿Qué pasará el año que viene?” dijo Sutter, quien ha vivido en Wiscasset por casi 70 años. “El año próximo esos fondos no estarán disponibles y ellos ya han votado un presupuesto plano para el año basado en el aumento del 22 por ciento [propuesto originalmente] para este año. Y no queda dinero para pasarse del presupuesto de ninguna de las partidas este año. Supongamos que ocurre una catástrofe o el invierno es muy riguroso. No tenemos dinero.”

En estos días, muchos piensan cómo se pagarán las cuentas en el futuro, pero el fantasma de Maine Yankee permanece.

“El apetito que justificaba Maine Yankee subsiste, pero el dinero en impuestos que generaba ya no está”, dijo Sutter recientemente.

“Hay necesidades reales” dijo Flanagan. “Ya lo he dicho, incluso durante los días de Maine Yankee, no hemos sido muy buenos en mantenimiento, por eso reparar la infraestructura termina costándonos mucho más.”

Sabiendo que probablemente se incrementarían nuestros impuestos inmobiliarios, la gente del pueblo votó por separarnos de la Unidad Escolar Regional 12, una decisión que, al decir de muchos, surgía del deseo de incrementar el control local, pero ese deseo le costó al pueblo más de $3 millones, y $2 millones a pagar en 10 cuotas anuales de $228.000, la primera de las cuales vence este año.

Además de la carga financiera, la separación ha tenido otros costos: años de inscripción de alumnos en descenso ha llevado al pueblo a cerrar su escuela primaria y a mezclar los alumnos de las ex escuelas medias y preparatorias.

El impacto en el sentido de comunidad de Wiscasset es evidente. Los equipos atléticos escolares, conocidos como los Redskins hasta que dicho nombre fue cambiado por el voto de un concejo escolar regional de 2011 que todavía hoy se debate arduamente, han menguado notablemente en número hasta llegar al punto en que la escuela media no tuvo equipo de béisbol por más de dos años y solamente seis alumnos de preparatoria expresaron interés por ese deporte, dijo el Wiscasset Newspaper.

Peleas en público

La presión por aprender a vivir con menos ha llevado a que temas que antes no planteaban controversia alguna, ahora desaten feroces explosiones públicas.

Varias veces, más recientemente el año pasado, los funcionarios electos de Wiscasset habían preguntado a los votantes si querían eliminar el Departamento de Policía del pueblo y depender de la policía del condado y el estado. En todas las ocasiones votaron por mantener la fuerza.

En noviembre, luego de meses de abrigar rencores, los residentes votaron casi 2 a 1 para nuevamente permitir a los bomberos voluntarios lavar sus automóviles personales en el cuartel. Esta tradición longeva finalmente terminó en abril pasado luego de que el pueblo dijera que tal hecho violaba las políticas públicas; pero los bomberos, liderados por el Jefe T.J. Merry, presentaron una petición argumentando que muchas veces ellos iban a los incendios en sus propios vehículos, y que ese beneficio era un pequeño precio a pagar por sus servicios.

A pesar de la opinión vertida por el abogado del pueblo que decía que tal práctica podía dejar al pueblo a merced de querellas de responsabilidad por lesiones, los votantes aceptaron el pedido de los bomberos.

Poco tiempo después, Tim Merry, un ex concejal electo y ex jefe de bomberos, propuso eliminar el puesto de jefe de gobierno y volver a una forma de gobierno por una asamblea popular o administrador del pueblo. Merry dijo al Lincoln County News que Wiscasset es “un pequeño pueblo con veleidades de gastos de una gran ciudad”.

Precisamente esta semana, después de un voto para aprobar un proyecto de energía por valor de $1.75 millones para las escuelas del pueblo, un miembro del comité escolar habló de “acusaciones injustas, testimonios falsos y, francamente, mala teatralización política” por parte de la Superintendente escolar Heather Wilmot a principios de mes durante la reunión del concejo, informó el Wiscasset Newspaper.

Pero el drama más importante de este año es un proyecto de agilización del tránsito propuesto con un costo de $5 millones diseñado para despejar el tránsito de Main Street que cada verano se hace terriblemente lento en la Ruta 1 como la cola del popular restaurante Red’s Eats. El plan incluye instalar varios semáforos y eliminar el estacionamiento en Main Street.

Un grupo de residentes, liderado por Sutter, ha organizado la Wiscasset Taxpayers Alliance para oponerse al proyecto, que los votantes seleccionaron de tres opciones diferentes en un voto no vinculante el pasado mes de junio.

Sutter dijo que la votación estaba mal organizada. Más aún, dijo que el plan había cambiado tan sustancialmente que el voto no vinculante debería anularse.

A principios de septiembre, los residentes se enteraron de que si bien el plan que habían votado, del que se decía que era casi completamente financiado con fondos federales con un costo final de $1 millón a cargo del estado, el Departamento de Transporte de Maine usaría los $4 millones en fondos federales asignados al proyecto de Wiscasset en otros proyectos.

Las noticias hicieron que muchos se sintieran engañados. Otros, como Sutter, dijeron que el cambio era un intento de eludir las leyes federales de protección de áreas históricas y sensibles desde el punto de vista medioambiental, tales como Haggett’s Garage y Creamery Wharf, construcciones de 1916 que inicialmente fueron propuestas como áreas de estacionamiento.

El Gerente del proyecto del Departamento de Transporte, Ernie Martin, dijo que él planeaba seguir un “proceso similar a uno federal” y que “trataría de cumplir con todas las necesidades para no impactar en la integridad histórica de esta sección del pueblo”.

Flanagan dijo que confiaba en que el comité de preservación histórica protegería a todos los hitos históricos del pueblo, pero que los residentes deberían estar listos para sacrificar algunos.

Otros objetan los costos de mantenimiento que Sutter estima en unos $40,000 y que el pueblo terminaría pagando.

“Wiscasset no tiene problema de tránsito” dijo Sutter recientemente. “La gente que quiere atravesar el pueblo lo tiene y el estado de Maine tiene un problema en el sentido de que en Wiscasset se forma un cuello de botella … y ellos tienen la obligación de que el tránsito lo atraviese.”

El impacto del plan de agilización de tránsito sobre los negocios del área céntrica también suscitó muchas críticas.

“Tengo muchos clientes de la tercera edad”, dijo R. Keith Randall refiriéndose a su galería de arte de Main Street. “Si deben estacionar a dos cuadras y caminar, sencillamente no vendrán.”

“No creo que mi negocio crezca sustancialmente durante el verano”, dijo Stacy Linehan, propietaria de la muy visitada confitería y deli Treats desde hace 11 años, el jueves mientras contemplaba un pueblo helado. “Luchamos diariamente por mantenerlo abierto.”

Linehan, quien vive en la cercana comunidad de Westport Island, dijo que se vio atraída a la zona hace más de veinte años porque era “linda, simpática y limpia y un lugar seguro para mis hijos”.

Dijo que “si bien el crecimiento es inevitable, es importante proteger la integridad de los pequeños pueblecitos de Maine. La gente quiere que sigan siendo como hace 100 años y los pueblos deben cuidar la forma en que crecen.”

No obstante, a pesar de la oposición verbal y varias cartas de un abogado que representa a un gran propietario de bienes raíces en el área céntrica advirtiendo que dicho voto sería ilegal, el Concejo votó por autorizar a la jefa de gobierno Marian Anderson a firmar una carta de intención el 15 de noviembre para continuar adelante con el proyecto del Departamento de Transporte según el resultado de la votación no vinculante.

La Wiscasset Taxpayers Alliance ha iniciado una petición para pedir a los residentes la anulación del voto de junio.

Esperanza entre tanta tensión

La misma noche en que el concejo votó la aprobación de la carta de intención y poco después de designar un comité asesor al proyecto, Flanagan renunció al concejo.

Si bien Flanagan declaró recientemente que su renuncia se debía a motivos estrictamente personales, entre otros, el hecho de que quería pasar más tiempo con su nieto de cuatro años, reconoció que sus 18 meses en el consejo habían sido muy “estresantes”.

“La vida es demasiado corta para tanto estrés” agregó. “Tenemos un problema tras otro. Sé que los otros miembros del concejo sienten tanta frustración como yo … se puede disentir sin llegar a ser desagradable. No quiero señalarnos especialmente a nosotros, probablemente no seamos peores que otros pueblos, pero es lo que tuve que enfrentar y pienso que es sencillamente ridículo no poder hablarnos y escucharnos sin llegar a entendernos”.

“Fue un duro ajuste para aquellas personas que vivían aquí, e incluso para las que se mudaron aquí por la baja carga impositiva” dijo refriéndose a las boletas de impuestos que en ciertos casos saltaron de unos pocos cientos a miles de dólares. “Debieron acostumbrase a lo que yo llamo ‘lo que todos los demás pagan en el estado’.”

Si bien el impacto financiero de la planta nuclear se ha reducido mucho, un duro recordatorio del indeleble lazo entre Maine Yankee y Wiscasset permanece en la forma de 500 toneladas métricas de combustible nuclear usado, que aún permanece almacenado en 60 contenedores herméticos de acero envueltos en concreto en la Instalación independiente de almacenamiento de combustible usado que se encuentra en las inmediaciones del emplazamiento del antiguo reactor. Main Yankee ha estado en litigio con el gobierno federal desde 1998 por el incumplimiento de sus obligaciones legales de quitar y desechar adecuadamente el combustible usado. Muchas personas del lugar dicen que no albergan demasiadas esperanzas de que lleguen a hacerlo jamás.

Pero Flanagan, una bibliotecaria, dice sentirse optimista respecto del futuro de Wiscasset y dijo que el pueblo está destinado a “volver a florecer”.

Dijo que después del reciente incremento y a pesar de contar con servicios tales como un aeropuerto y un centro comunitario, el impuesto inmobiliario de Wiscasset es de $18.71 por $1,000, muy inferior al del cercano pueblo de Brunswick que asciende a $29.35 por $1,000.

Flanagan está convencida de que Wiscasset superará sus problemas y saldrá adelante. Incluso mencionó “ciertas cosas en ciernes de las cuales no puedo hablar ahora, pero que prometen un gran potencial a la economía local”.

“Me siento muy optimista y segura de que este pueblo volverá a florecer” dijo. “Lo he observado en los últimos años. Si uno mira la zona céntrica, antes habían locales vacíos y ahora no, y tenemos una cámara de comercio y buenos negocios allí. A pesar de que los residentes no queramos admitirlo, nos estamos convirtiendo en un sitio turístico, pero con nuestra área costera, el pueblo histórico, el aeropuerto y el centro comunitario, tenemos un enorme potencial. Tenemos mucho que ofrecer: Creo que pronto veremos que volveremos a renacer.”

CORRECCIÓN:

Una versión anterior de este informe indicaba erróneamente que un juez federal había adjudicado a Wiscasset $24.6 millones por la falta de remoción y desecho del combustible nuclear usado. La adjudicación fue hecha a Maine Yankee, que ha cumplido sus obligaciones de remoción y desecho del combustible nuclear usado y desechos de alto nivel de conformidad con todas las reglamentaciones de la U.S. Nuclear Regulatory Commission. Maine Yankee y Wiscasset no se encuentran en litigio entre sí.